Los Ingleses

En los comienzos de la época medieval, tanto los hombres como las mujeres ingleses usaban una túnica y un manto y ropa interior de hilo blanco denominada camisola. Pero con la llegada de los normandos, en el siglo XI, las vestimentas se hicieron más ricas, prefiriéndose telas más suntuosas y, además, pieles y joyas. La medida de longitud inglesa, denominada yarda, se fijó durante el reinado de Enrique 11, entre los años 1154 y 1189, y se tomó como patrón la longitud del brazo del monarca. En el siglo XII se adoptó el gabán, que vestían tanto los hombres como las mujeres. Los primeros lo usaban sobre la armadura de cota de malla. El gabán se sujetaba a la cintura por un cinturón de cuero grueso que llevaba adornos de metal y en el que pendía la espada. Los guantes se hacían de cuero o lana, y el calzado era muy simple, de cuero suave y muy ceñido al pie. Las damas de la nobleza lo usaban bordado. De izquierda a derecha, se ha representado un barón, el rey, un guardia, un consejero y un canciller.

La conquista normanda en las Islas Británicas tuvo, como ya hemos señalado, gran influencia en la moda. La vestimenta se hizo más rica y variada. Bajo el reinado de Guillermo II; en el siglo XI, apareció el vestido femenino llamado "princesa", de corte ceñido y con una abertura que iba desde la cintura hasta la parte superior de la espalda sujeta con lazos. Del ancho cinturón de cuero o tela gruesa se colgaba un monedero y 1lavero. El peinado y el tocado femeninos adquirieron una modalidad especial que perduró durante largo tiempo. El cabello se separaba en el centro por medio de una raya y se sujetaba en dos largas trenzas, engrosadas con cabellos postizos y adornadas con cintas. Otras veces, los cabe 1los se sujetaban con redecillas -en ocasiones muy suntuosas, ya que eran de hilos de oro- o una pequeña toca de hilo blanco almidonado. Los tejidos más usados eran las lanas de Flandes y las sedas y brocados de Venecia.

Las armaduras como elementos defensivo fueron conocidas desde la antigüedad y ya se habla de ellas en la "Ilíada" y la "Odisea", del poeta griego Homero. Los soldados griegos, macedonios y romanos también las usaron y fueron perfeccionándolas, pero fue en la Edad Media, cuando las armaduras se hicieron más completas. Como hemos señalado en otros capítulos de esta serie, primeramente se usó la cota de malla, pero luego se utilizaron las piezas enteras de metal que cubrían no sólo el pecho y la espalda, sino también los brazos, las piernas y, sobre todo, la cabeza y la cara. Ésta se hallaba protegida por una especie de visera que podía levantarse, lo que permitía reconocer a la persona. Es interesante señalar que el característico saludo de quitarse el sombrero proviene, precisamente, del ademán de levantarse la visera cuando un caballero se enfrentaba con otro. Sobre la armadura se colocaba una túnica de paño grueso o cuero sujeta con un ancho cinturón, del que pendía la espada de metal.

La dinastía de los Tudor corresponde al período del Renacimiento en Inglaterra. En los primeros años del reinado de Enrique VII perduraba la tendencia de la moda medieval, y los hombres usaban largas calzas ajustadas y túnicas cortas de tela gruesa que, en invierno, se reforzaban con forro de pieles o adornos de este material. Debajo de la túnica llevaban una camisa blanca, de hilo, con mangas abullonadas. Pero luego la túnica se alargó y se abría sobre un chaleco o pechera de un material vistosamente bordado; sobresaliendo del chaleco aparecía la camisa. Por encima se llevaba un traje o gabán de mangas muy amplias y sueltas. Las mangas tenían características especiales: las del traje o gabán eran acuchilladas y dejaban ver las mangas de la túnica, que también eran acuchilladas y dejaban ver la camisa. El gabán se ceñía con un cinturón de cuero. Las calzas eran ajustadas y largas, y el calzado era de cuero suave y liso. La cabeza se cubría con tocados que presentaban diversas formas o bien con capuchas o caperuzas.

En la época del Renacimiento, en Inglaterra, la túnica de los hombres se acortó. Debajo de ella se usaba un chaleco o pechera de tela suntuosa y bordada. Este chaleco se abrochaba adelante en forma entrecruzada, y también se sujetaba por detrás. Sobre el cuerpo se llevaba una camisa blanca de puro hilo, cuyo cuello sobresalía del chaleco. Otra prenda muy común era el gabán largo con mangas amplias y sueltas, acuchilladas, que dejaban ver las mangas de la túnica y de la camisa. Los cabellos se usaban, por lo general, cortos, con flequillo y cayendo sobre los hombros. Los sombreros tenían diversas formas: comúnmente eran de terciopelo, con ala pequeña y adornados con plumas y alhajas. El calzado, tanto el femenino como el masculino, era muy sencillo y estaba confeccionado de cuero, de paño o de terciopelo. Los guantes, cinturones y otros accesorios tenían ricos bordados.

En la época del Renacimiento, el vestido femenino tenía falda amplia y larga hasta el suelo. También se usaba una falda interior de cañamazo de forma acampanada, predecesora del miriñaque. El corpiño era ajustado y el escote redondeado o cuadrado. Pero eran las mangas las que ofrecían mayor variedad. Se las usaba largas y ajustadas o muy amplias y forradas con telas de color diferente. A veces la falda se abría por delante en el medio, dejando ver una suntuosa falda de brocado. También el corpiño se abría en forma de V permitiendo admirar una pechera delicadamente bordada. Como abrigo se usaban largas capas forradas de pieles. Para la vestimenta se empleaban telas suntuosas, como sedas y brocados importados de Oriente, terciopelos de Venecia, lanas de Flandes y batistas de Francia. Las joyas más comunes eran los collares de oro; también piedras preciosas o cruces pendientes de una cinta fina de seda.

En la época del Renacimiento y, particularmente, hasta 1550 se usó en Inglaterra un tipo singular de sombrero femenino. Se trataba de un sombrero a dos aguas, con caídas a ambos lados, que se colocaba sobre una cofia o toca de hilo blanco muy ajustada y que se dejaba ver sobre la frente. Las caídas estaban ricamente bordadas con perlas, piedras preciosas e hilos de oro y de plata. Otros modelos constaban de una gran caída que partía desde lo alto de la cabeza y que, a veces, llegaba hasta el suelo. Los hombres usaban también tocas de terciopelo con estas largas caídas, o birretes de terciopelo adornados con plumas. Los accesorios tenían gran importancia, como el cuello de la camisa de los hombres, que tenía delicados bordados negros, y los guantes de seda acuchillados. Las joyas más comunes eran gruesas cadenas de oro de las que pendían piedras preciosas y perlas. Estas últimas eran las preferidas, sobre todo en época de Enrique VIII, ya que el mismo monarca las usaba.

En esta época se preferían telas suntuosas para confeccionar los vestidos femeninos y masculinos. A Inglaterra llegaban telas de diversas partes de Europa, y el activo comercio estaba apoyado en una marina mercante cada vez más floreciente. Desde Oriente se importaban brocados y sedas muy suntuosos con dibujos vistosos y de vivos colores; de Venecia se traían terciopelos lisos y bordados con hilos de oro; de Flandes llegaban telas de lana, seda y raso; de Francia, las delicadas batistas utilizadas en camisas y tocados. En tiempos del rey Enrique VIII, la moda masculina se dividió en dos corrientes. La primera se caracterizaba por el estilo cuadrado y los hombros acolchados; la segunda, por una línea más bien delgada.

Las mangas eran muy abultadas y acuchilladas, tanto en la vestimenta femenina como en la masculina. Las clases más humildes continuaron usando vestidos sencillos, con mangas y busto ajustados, y falda amplia que llegaba hasta los pies. Los cabellos eran cubiertos por una toca.

La túnica masculina experimentó un cambio notable en Inglaterra a partir del siglo XIV, ya que se acortó llegando sólo hasta la rodilla. Debajo de ella se usaba un chaleco que, generalmente, se abrochaba en forma entrecruzada. Una prenda muy característica era la camisa blanca de puro hilo, sin cuello y con el escote alto y fruncido que sobresalía del chaleco. Los nobles usaban un gabán largo con mangas amplias y sueltas, acuchilladas, y que dejaban ver las mangas de la túnica o de la camisa. Los hombres usaban los cabellos largos, cayendo sobre los hombros y con flequillo. El calzado, tanto el femenino como el masculino, era muy sencillo y por lo general se confeccionaba de cuero, de paño o de terciopelo. Hacia el siglo XV se realizaron importantes innovaciones y se introdujo la fantasía en las prendas de vestir. Así se combinaban telas y colores en una misma prenda, que tenía, entonces, gran colorido.

Una prenda característica de la vestimenta masculina inglesa del siglo XV era la chaqueta corta muy ajustada hasta el talle y con un faldón amplio que cubría la cadera. Esta chaqueta tenía un cuello alto y pequeño, y mangas muy trabajadas. La parte superior de la manga era muy abullonada y acuchillada, dejando ver la camisa de hilo blanco. En el codo había otra parte más pequeña, también abullonada y acuchillada, y desde allí hasta la muñeca la manga era muy ajustada. Los pantalones eran también muy ajustados, y sobre ellos se colocaban botas de cuero que se prendían al costado. Las puntas de las botas se prolongaban desmesuradamente, y el extremo se sujetaba debajo de la rodilla con un cinto de cuero. El sombrero era muy variable, pero una de las formas más comunes era el de ala ancha levantada atrás y con adornos de plumas. Los tocados femeninos presentaban gran variedad.

En la segunda mitad del siglo XV las telas para la vestimenta femenina y masculina llegaban a Inglaterra desde diversas partes de Europa y de Oriente. De Venecia se importaban terciopelos lisos y adornados con brocados de hilos de oro; de Flandes, lanas y sedas; de Francia, delicadas batistas; y de Asia, sedas y brocados.

La moda tuvo caracteres muy marcados durante el reinado de Enrique VIII: las calzas eran largas y cosidas, abultadas y acuchilladas; los zapatos eran de horma cuadrada y acuchillada, y la túnica estaba hermosamente bordada y acuchillada. El cuello de la camisa tenía un volante estrecho bordado en seda negra. La pechera de la camisa tenía bordados en seda negra combinando con seda roja e hilos de oro. Las mujeres usaban una camisa que se llevaba por encima de un miriñaque más amplio, y una falda de raso bordado o terciopelo guarnecido de brocado y de un color que contrastaba con el resto del vestido. Las mangas se hicieron muy amplias en los puños y con adornos de piel o terciopelo. El tocado era muy variable y se usaban también los turbantes..

En la época de Enrique VIII, los hombres usaban largas calzas cosidas, abultadas y acuchilladas, y una túnica bordada que llegaba hasta las rodillas. La camisa también era una prenda muy común, y el cuello tenía un volante estrecho o un dobladillo recto bordado en seda negra. Algunas camisas tenían la pechera bordada en negro y también con hilos rojos y dorados. Tanto las damas como los caballeros, usaban anillos en los dedos de ambas manos, preferentemente en el pulgar, el índice y el del medio. Del cuello pendían pesadas cadenas de oro con medallas o piedras preciosas y perlas. Por influencia de la moda francesa, los hombres empezaron a usar el cabello corto y la barba recortada. Los sombreros adoptaron formas muy variadas: los había de ala ancha con adornos de plumas, gorros pequeños, birretes de punta como un techo a dos aguas, etcétera. El calzado era de cuero fino, y también de terciopelo acuchillado, con la punta cuadrada y adornos de piedras preciosas.

A partir del siglo XVII y sobre todo desde el siguiente, la vestimenta de la nobleza en Europa occidental era semejante. El intercambio comercial de telas suntuosas era frecuente, pero también la creación de manufacturas reales y propias en España, Francia, Inglaterra, Italia y Flandes permitía la utilización de tejidos que hacían posibles algunas diferenciaciones. Hacia el 1700 los nobles ingleses usaban unas bragas cortas con un faldellín de cuero y una chaqueta con mangas acuchilladas. Todo esto permitía lucir una camisa de seda natural o de hilo blanco con mangas abullonadas. Las botas de cuero se abrían como una corola y dejaban ver medias de seda que llegaban hasta la rodilla. Los hombres usaban el cabello largo y sombrero de fieltro adornado con plumas.

Los marinos ingleses del siglo XVIII vestían trajes compuestos por una chaqueta larga con amplios bolsillos y bragas cortas que cubrían la rodilla. La camisa era una prenda muy importante de la vestimenta y tenía en el cuello una cascada de encaje. Los puños también terminaban en un volante de encaje. Las medias eran de seda y los zapatos clásicos, sobre los que se destacaba una hebilla dorada. Sobre el traje se usaba un abrigo que llegaba hasta las rodillas. Era costumbre usar pelucas sujetas con lazos o empolvarse los cabellos de blanco y sostenerlos con cintas. Las mujeres de la nobleza continuaron usando corpiño ajustado, que terminaba en gorguera, y sombrero de copa alta con ala levantada en un costado. También usaban una toca de lino blanco y un cuello amplio del mismo material. El peinado era sencillo y dejaba la frente despejada.