Los Indios

La India está situada en una gran península del Centro - Sur de Asia. Está habitada desde tiempos prehistóricos, pero hacia el año 2000 antes de Cristo se produjo la invasión de los pueblos arios, que lograron imponerse y constituyeron reinos en los cuales la sociedad estaba regida por un sistema de castas. De las épocas primitivas tenemos poca documentación, pero en algunos vasos y pinturas murales se advierte que antiguamente ni los nobles ni los reyes se cubrían el toro. Los hombres se rodeaban las caderas con un paño llamado dhotis, la única prenda que usaban muchos pobladores.Los guerreros tenían desnuda la parte superior del cuerpo y como manto usaban un estrecho pedazo de tela que echaban hacia atrás por encima de los hombros. La primera de las castas gobernantes era la de los sacerdotes; la segunda, la de los guerreros; la tercera, la de los comerciantes y obreros. El signo distintivo de cada una de ellas, que se consideraba sagrado, era un cordón que cruzaba desde el hombro izquierdo, pasando por debajo del brazo derecho y que se componía de tres hilos de distinto material, según las castas. En los sacerdotes, el cordón era de algodón; en los guerreros, de cáñamo;de lana para los demás.

En la India, la vestimenta femenina fue naturalmente evolucionando a través del tiempo. De las épocas primitivas han quedado algunas esculturas que permiten conocer c6mo era la indumentaria en los tiempos remotos y que por lo general dejaba sin cubrir el torso.

De acuerdo con ellas, las mujeres usaban también una especie de taparrabos y una falda sujeta por una faja a la cintura y un cubre pecho de lana o algodón. A veces un lienzo admirablemente plegado cubría la cadera, el busto y la cabeza. Las mujeres de castas inferiores iban descalzas, pero las demás usaban sandalias sobre pies desnudos, calzado alto de cáñamo o de cuero blanco con tacones altos. Pero la prenda más nota, colocado de diversas maneras según el gusto o las necesidades. El atuendo femenino era el sarí, un pedazo de tela rectangular con guardas en los bordes y sabiamente plegado alrededor del cuerpo y la cabeza que confiere a quien lo lleva particular encanto.

Entre los antiguos indios, los trajes tenían ciertas particularidades que permitían distinguir a los componentes de las distintas castas. El signo distintivo entre la de los sacerdotes, la de los guerreros la de los comerciantes era un cordón que cruzaba desde el hombro izquierdo, pasando por debajo del brazo derecho, y que se componía de tres hilos: de algodón para los sacerdotes; de cáñamo para los guerreros, y de lana para los demás. Los de las castas inferiores debían vestir un sayo de lana, un cinturón de cáñamo, manto de piel de chivo y bastón alto de rama de higuera; de esta manera, eran identificados fácilmente. Los sacerdotes o brahmanes llevaban vestidura blanca de cáñamo, cinturón hecho con la albura de la caña de azúcar y un alto bastón de bambú. Según las ordenanzas, los guerreros eran los que gozaban de mayor libertad para vestirse.

Los príncipes o rajaes vestían túnicas sujetas con un cinturón con adornos de oro que colgaban a los lados, y completaban el traje con botas y babuchas.

La India ofreció, en el transcurso de los siglos, una gran variedad de prendas de vestir tanto por las diferentes castas como por los distintos pueblos que se establecieron en su territorio. Así varia desde la desnudez casi completa hasta el equipo de todas las partes del cuerpo, y junto con telas muy armadas, como los brocados, hasta las tenues muselinas. Algunas prendas se endosaban y aplicaban al cuerpo, como el dhotis - delantal usado por los hombres en torno de las caderas- y el sarí, con que se envuelven las mujeres de arriba abajo. Entre las prendas cosidas masculinas estaban el pantalón, el sayo y la veste o túnica. El atuendo típico de las mujeres era el sarí o sarí, que consistía en una tela rectangular que se colocaba alrededor del cuerpo, cruzando las piernas y cubriendo hasta las rodillas, para pasar el otro extremo por la cabeza. Generalmente, el sarí no estaba realizado con telas teñidas y sólo tenia una orla alrededor, pero las damas de las castas superiores lo usaban de telas multicolores con guardas de oro.

En la India existía, disperso, un pueblo llamado parsi, descendiente de los antiguos persas y adorador del fuego. El traje de los hombres era muy cómodo y adecuado al clima. Se componía de anchos pantalones de seda, camisa de muselina y ancho sayo de seda o de algodón. Las mujeres usaban una toca y se echaban encima el sarí. Los niños se cubrían con el sadra, camisa semejante a una cota de malla que llevaban consigo los antiguos persas. Existen miniaturas de los siglos XVI y XVII que representan á príncipes indo - mongoles y sus mujeres. Según ellas, los hombres sujetos a los tobillos y túnicas ajustadas con mangas, cuello que tapaba la nuca y abertura en el pecho. El distintivo del poder entre los rajaes eran la faja y el turbante; éste era pequeño y, por lo general, de color blanco, sujeto detrás de la cabeza por una ancha cinta. Las mujeres usaban el mismo traje, pero sin sus insignias.

Muchos detalles de la indumentaria masculina y femenina en la India durante los siglos XVI y XVII los conocemos por miniaturas hechas por artistas indígenas. Entre ellas figuran las de príncipes indomongoles, llamados moguls. Los hombres llevaban amplios pantalones sujetos al tobillo y túnica ajustada, generalmente con mangas, cuello alto que tapaba la nuca y abertura en el pecho. La túnica era de tela transparente, caía de las caderas hasta las pantorrillas y tenia muchos pliegues. Los príncipes indios resguardaban sus pies con medias, pero llevaban también calzado alto con punta de pico. Los indios brahmanes se pintaban el rostro: las mujeres se untaban el cabello con pomadas y se ennegrecían las cejas con carbón.

Cada india llevaba en la cabeza tres clases de adornos, que eran los símbolos del agua, del viento y del aire y debían corresponder al carácter lacrimoso, borrascoso o etéreo de la mujer. El adorno de la cabeza de los hombres era cuadrado y triangular: simbolizaba la tierra y el fuego, como expresión de la naturaleza firme y ardiente del hombre. Las mujeres usaban joyas en las orejas, cuello, brazos, etcétera.