Los Franceses

Las prendas básicas de la indumentaria usada en Francia por hombres y mujeres eran dos túnicas y un manto. En el siglo XII la túnica interior evolucionó hasta concretarse en una camisa o ropa interior hecha de batista, tela suave que lleva el nombre de su inventor, Bautista Chambray. La túnica exterior dio origen al gabán, especie de capa recta con una abertura superior para la cabeza, sin mangas y con amplias bocamangas que se abrochaban a los costados. Durante el invierno se usaba también una chaqueta corta forrada con piel. A partir del siglo XIII se impuso el gabán, que llegaba debajo de las rodillas y se usó ceñido con un cinturón. En esta época las mangas presentaban gran variación, tenían amplias aberturas que llegaban hasta el suelo y los bordes terminaban en festones en forma de pétalos. Los hombres usaban calzas largas muy ajustadas en las piernas y calzado de cuero suave con punta.

Cuando se estudia la evolución del traje y de las prendas de vestir se sigue, por lo general, la experimentada por la gente de mayores recursos, los soberanos y personajes de la nobleza. Pero, naturalmente, siempre hubo diferencias entre ricos y pobres, y en la antigüedad ellas se notaban en el tipo de tela utilizada, mucho más rústica, que en el corte. Pero en la Edad Media las diferencias entre las clases sociales quedaron marcadas también en la indumentaria. Los campesinos usaban un sayo de tela gruesa de lana o una chaqueta de cuero de mangas cortas sobre una túnica corta. Cubrían la cabeza con una capucha de lana o un gorro de fieltro. El calzado era de cuero suave; las medias, de lana gruesa. También usaban calzas cortas sujetas a las rodillas.

Como hemos señalado en el capítulo anterior, durante la Edad Media comienzan a perfilarse de manera evidente las diferencias entre la vestimenta de la nobleza y la de las clases populares. Pero a partir del siglo XII las ciudades o burgos van cobrando nueva importancia, lo mismo que sus pobladores o burgueses, muchos de los cuales se enriquecen por la industria y el comercio. Los burgueses adoptaron múltiples usos y costumbres de las clases altas. En el siglo XIII el gabán era la prenda más usada; el de los hombres se extendió algo más abajo de las rodillas, con mangas cortas o sin ellas. Los campesinos usaban un sayo de tela rústica y cubrían la cabeza con una caperuza. Las mujeres usaban una túnica o un gabán largo y una capa de lana. Cubrían la cabeza con un paño cuadrado de algodón llamado griñón, que ocultaba el cabello, o lucían una toca con una corbata que cubría lateralmente la cara y el mentón.

La sociedad medieval estaba constituida por clases muy diferentes entre sí y que, de acuerdo con sus actividades, comprendían a los que rezaban, es decir, al clero; a los que combatían, o sea la nobleza, y a los que trabajaban: campesinos, artesanos y siervos. Naturalmente, estas clases sociales se distinguían por su atuendo, y en la nobleza es donde se notaba con más evidencia la evolución de la vestimenta y de los tejidos empleados en la confección de la misma. Los campesinos y artesanos usaban una especie de túnica corta con mangas hecha de tela rústica y colores apagados y oscuros, calzas largas ajustadas y calzado de cuero liso. Cubrían la cabeza can un capuchón de lana gruesa o un sombrero. Los sacerdotes se colocaban una especie de casulla corta, de mangas amplias, y los monjes una túnica sencilla y capa. Los caminantes y viajeros llevaban una especie de bastón que, por lo general, era un palo rústico.

En el siglo XIV, la moda en Francia fue evolucionando lentamente. El gabán continuó siendo la prenda más usada: se extendía por debajo de las rodillas y se ceñía a la cintura con un cinturón de cuero. La prenda tenía mangas cortas, pero en este siglo se usaron más largas y a veces tan exageradas, que pendían hasta el suelo. Los hombres llevaban calzas largas cosidas, y ajustadas a las piernas. También comenzó a usarse una túnica estrechamente ceñida al cuerpo que se abotonaba por delante y tenía, también, mangas largas provistas con una hilera de botones. El cinturón se usaba, por lo general, debajo de la cintura, apoyado en la cadera. Donde se advertía una gran variedad fue en los tocados, tanto femeninos como masculinos, para los que se empleaban diversos materiales, como fieltro, terciopelo, seda, hilos de oro, plumas, etc.

La indumentaria femenina en Francia durante el siglo XIV adquirió mayor variedad, si bien se mantuvieron las líneas generales provenientes del siglo anterior. La prenda más usada era el gabán, de aspecto semejante al de los hombres, es decir, una túnica larga y amplia que se ceñía en el talle. A veces tenía mangas largas y falsas, pues se abrochaban en los hombros y caían hasta el suelo. Estas mangas extravagantes fueron una característica de la época, durante la cual el gabán fue evolucionando y se abrió a los costados para dejar ver una prenda ajustada llamada "cotehardie". Ésta se cerraba con botones o lazos en el frente, desde el cuello hasta la cintura; las mangas largas eran muy ajustadas y, por lo común, tenían botones desde el codo hasta la muñeca. Sobre la "cotehardie" se llevaba un cinturón bajo, apoyado sobre las caderas y que, por lo general, era lujoso, pues tenía incrustaciones de piedras preciosas. Las trenzas largas, caídas a los costados o arrolladas en espiral a ambos lados de la cabeza, eran el arreglo más común de los cabellos, protegidos, además, por diferentes tipos de tocados.

En el siglo XIV la vestimenta femenina y masculina se componía de dos prendas principales: una túnica ajustada que se abotonaba por delante, llamada "cotehardie", y el gabán o túnica más amplia, abierta a los costados. En los hombres, el gabán se extendía algo más abajo de las rodillas y tenía mangas abiertas por la mitad de sus largos, por donde asomaban los brazos. También usaban calzas largas cosidas y ajustadas en las piernas, por lo general de color rojo. Las mangas extravagantes fueron la característica distintiva de este siglo; a veces eran tan largas que llegaban hasta el suelo. En el siglo siguiente el atuendo femenino se va modificando y surge el verdadero vestido con el corpiño ajustado, las mangas estrechas y la falda amplia ceñida en la cintura. Las damas elegantes calzaban zapatos de terciopelo, abrochados mediante un bot6n o una hebilla con piedras, y bordados con hilos de oro o de colores. El cabello se protegía debajo de una redecilla o toca.

En el siglo XIV apareció en Europa, y principalmente en Francia, una moda muy decorativa basada en la utilización de ricas telas bordadas. El gabán, la prenda más empleada hasta entonces por hombres y mujeres, fue reemplazado de forma paulatina. Las mujeres usaban un vestido ajustado en el talle y falda amplia con cinturón. La manga era abultada en la parte superior y ajustada en la inferior. Los hombres comenzaron a usar una chaqueta ajustada en la cintura, con mangas cortas muy abultadas, confeccionada por lo general con telas suntuosas. Debajo de esta chaqueta se colocaba una especie de chaleco, que se cerraba con lazos por delante o por detrás. La chaqueta o jubón también fue usado por las mujeres, y entonces adquirió mayor variedad. En invierno estaba forrada con piel o levaba adornos de pieles finas. La gente del pueblo usaba chaquetas de telas de lana rústica y pantalones ajustados. El calzado era de cuero suave, y la delgada suela se protegía con chanclos de madera.

Hasta comienzos del siglo XIII, la cota de malla fue la forma principal de la armadura. Ésta contenía más de 200.000 eslabones de metal, y por ello su confecci6n era muy costosa. La cota protegía contra las armas punzantes (espadas, puñales, flechas o lanzas), pero en cambio, por ser muy flexible, no resultaba eficaz contra los golpes de maza. Más tarde la armadura se fue perfeccionando y se le añadieron piezas de metal para darle mayor solidez. Sobre la cota de malla se usaba una túnica de paño, de lana gruesa, sujeta por un cinturón ancho de cuero, del que pendía la espada, daga o puñal. La cabeza estaba protegida por un casco de cuero o yelmo con visera. El escudo de metal continu6 siendo la principal arma defensiva; por lo general, era de forma rectangular y de más de un metro de alto. También se usaban escudos triangulares con los lados ligeramente curvos. Las principales armas ofensivas eran la espada, la daga, el puñal, la flecha, el sable, la jabalina y la maza. En la ilustraci6n figuran, de izquierda a derecha: Soldado con largo escudo y lanza, duque con yelmo y bast6n de mano y soldado con yelmo de metal.

Uno de los detalles más característicos de la vestimenta femenina en la época medieval, especialmente a partir del siglo XIII, fue el tocado. Al principio, el cabello de las mujeres se ocultó debajo de un pañuelo o toca con una corbata o barboquejo que cubría la cabeza y el cuello. Más tarde, vino la moda de una pequeña toca semejante a una coronita de tela blanca sujeta por medio de una cinta a la barbilla. En el siglo XV hicieron su aparición los turbantes, que cubrían enteramente los cabellos. Algunos presentaban formas extravagantes y consistían en grandes rollos rellenos. Los tocados puntiagudos o hennins ofrecían formas y tamaños diversos, pero en la mayoría de los casos iban acompañados por un velo que flotaba libremente. Es curioso señalar que estos tocados alcanzaron tal extravagancia, que debió ser reglamentado su tamaño de acuerdo con la posición social de las mujeres que los llevaban. Los materiales más empleados para el tocado eran sedas, terciopelo e hilos de oro.

En el siglo XV el tocado adquirió gran importancia dentro de la vestimenta, tanto femenina como masculina. Los hombres se cubrían la cabeza con característicos sombreros de fieltro en forma de pan de azúcar con alas, y también usaban sombreretes, capuchos y caperuzas. Las plumas como adorno del sombrero comenzaron a usarse en la alta Edad Media, y en ese siglo estuvieron muy de moda, especialmente, las de pavo real que los grandes señores hacían traer de Oriente. La caperuza era una continuación del manto y tenía una punta prolongada que a veces llegaba hasta el suelo. También se usaron turbantes o rollos rellenos. Otro detalle característico de los siglos XIV y XV fue la moda de los pequeños cascabeles de plata que se suspendían del cinturón, cuello u otras partes del traje. Ambos sexos usaban cadenas de oro y cinturones de cuero con adornos de oro, plata y piedras preciosas. En los trajes, los nobles llevaban bordados con hilos de oro sus escudos nobiliarios.

En el siglo XV se advirtió una profunda transformación en la moda femenina. El gabán, la prenda más usada en los siglos anteriores, fue reemplazado por un verdadero vestido, llamado en francés "robe". Se caracterizaba por tener un corpiño ajustado, el talle alto y ceñido, escote amplio, mangas ajustadas y falda con mucho vuelo. El tocado, como hemos señalado en notas anteriores, adquirió gran importancia y variedad. Los turbantes ocultaban totalmente el cabello y el "hennin", introducido en Francia por Isabel de Baviera, era usado por las damas de alcurnia. Los rollos se adornaban con velos muy tenues o telas gruesas armadas. El calzado era de terciopelo adornado con bordados, y en esta época tenían una gran punta. A veces, esa descomunal punta se sujetaba al tobillo con una cadenita de oro o metal. A la nobleza se le permitió usar punta de unos 60 cm de largo; a los caballeros, de 30 cm de largo y a la gente del pueblo, de sólo 5 ó 6 cm de largo. El calzado indicaba pues la clase social.

En la Edad Media los trabajadores estaban organizados en gremios, asociaciones voluntarias cuyo fin era el de proteger, ayudar y relacionar a los que realizaban un mismo oficio o actividad. A partir del siglo XI los gremios se multiplicaron y se separaron los de los obreros o artesanos de los de los comerciantes. Para poder ejercer su oficio el artesano debía pertenecer a un gremio y naturalmente someterse a sus reglas, que eran muy estrictas. Primero debía pasar por un periodo de aprendizaje y realizar pruebas de suficiencia. Después de un tiempo el aprendiz pasaba al grado de oficial y luego al de maestro. La vida en común en los talleres creaba una gran hermandad y similitud hasta en la vestimenta. El traje de los artesanos era naturalmente sencillo. Por lo general, consistía en una túnica corta de paño grueso sujeta con un cinturón de cuero. El pantalón, ajustado, bajaba hasta el tobillo y sobre el mismo se ponían medias gruesas o calzado de cuero flexible con tiras de cuero cruzadas en las piernas hasta debajo de las rodillas.

En el siglo XV se advierte una mayor diferenciación en la vestimenta de las distintas clases sociales. En la nobleza aparece la robe femenina o vestido propiamente dicho, ajustado al talle, con falda amplia y escote redondeado. Las mujeres vistieron una enorme capa o manto que en invierno forraban con pieles. Los hombres usaban capas de diferentes estilos, algunas eran amplias, con cuello y abrochadas en el hombro. También se usaba la hopalanda de origen holandés con mangas flotantes y ceñida a la cintura con un cinturón de cuero. Se cubrían la cabeza con sombreros de fieltro, caperuzas o capuchas. La gente del pueblo vestía sencillas túnicas de tela rústica que caían hasta las rodillas y se cubrían la cabeza con una caperuza que se prolongaba y caía sobre los hombros. Bajo la misma se usaban pantalones ajustados y botas de cuero flexible.

El siglo XV tiene gran importancia en la historia francesa. Desde el año 1337 había comenzado la guerra con los ingleses llamada de los Cien Años que concluyó en el año 1453. A principios de ese siglo surgió la figura de Juana de Arco, humilde campesina, quien impulsada por un mandato divino ingresó en el ejército y obtuvo notables triunfos. Sin embargo, víctima de las intrigas políticas, fue condenada a morir en la hoguera en el año 1431. El fin de tan largas hostilidades aceleró el debilitamiento del poder feudal en beneficio de la autoridad del rey, quien a su vez se apoyó en la burguesía. Esta clase social iba adquiriendo cada vez mayor importancia y el restablecimiento de la Industria y el comercio aumentó su riqueza. Los burgueses adoptaron la vestimenta de la nobleza, aunque no siempre con el gusto y refinamiento de aquélla. Las mujeres usaban la robe o vestido ajustado en el busto y talle, con faldas amplias. Los hombres vestían una túnica corta, con mangas amplias, sujeta con un cinturón de cuero. En la cabeza, sombreros de diversos tipos y caperuzas.

Las universidades como institutos de enseñanza superior surgieron en la Edad Media. Al principio eran simples asociaciones de estudiantes que contrataban a sus profesores para que les enseñasen. La primera universidad se creó en Bolonia, Italia, en 1119, y la segunda en París, Francia, en 1150. La palabra universidad viene del latín "universitas", que significa universal, es decir, que comprendía todos los conocimientos. Los cursos consistían en explicaciones y comentarios de textos antiguos, y después de varios exámenes se otorgaban los grados de bachiller, licenciado y maestro. Los estudiantes, llegados de distintos países, se agrupaban en naciones o colegios distinguiéndose por la vestimenta por detalles de las mismas. Los profesores vestían una túnica larga y un abrigo con adorno de pieles. También se cubrían con una especie de capa con aberturas a los costados para dejar pasar los brazos.

A partir del siglo XV como ya hemos señalado en notas anteriores, las mujeres comenzaron a usar un verdadero vestido llamado robe. El mismo tenia las características del vestido moderno: corpiño y talle ajustado, falda amplia, mangas estrechas y escote grande. La cabeza estaba siempre cubierta por una toca que presentaba diversas formas y tamaños, desde los simples velos hasta los voluminosos turbantes con rollos rellenos. En invierno las mujeres se cubrían con una capa amplia, con adornos en los bordes y forradas de pieles. Las joyas más usadas eran pesadas cadenas de oro y cinturones de cuero con piedras preciosas y también de oro. En esta época empezaron a generalizarse los guantes, que se fabricaban con cuero de gamo u otros ciervos, de cabrito o liebre. Las telas cobraron también gran significación; los tejidos de lana procedían de Inglaterra o Flandes y las sedas vistosas, de Italia. Pero a partir del siglo XIII se establecieron las primeras tejedurías de seda en Lyon y de terciopelo en París, con lo que la moda francesa adquirió notable importancia.

Al comenzar el siglo XV, Francia se hallaba envuelta en una larga contienda con Inglaterra, llamada la Guerra de los Cien Años. Esta había comenzado en 1340 y finalizó en 1453, aunque no se luchó de forma continuada. Durante la misma se libraron batallas en las que se fue evolucionando desde los encuentros entre caballeros que parecían torneos medievales, hasta combates donde tuvieron decisiva importancia la infantería y la naciente artillería. La armadura constituía no sólo una protección para quien la llevaba sino que era también un signo distintivo, ya que sólo los nobles eran lo bastante ricos como para comprarla. Los mejores obreros eran los fabricantes de armaduras, pues con gran habilidad debían forjar una resplandeciente coraza que protegiera pero no paralizara al que la llevase. Las armaduras se hicieron más complicadas, y sobre la cota de malla se colocaban chapas de acero que cubrían casi totalmente las diversas partes del cuerpo.

Durante la Edad Media las luchas adquirieron carácter épico y consistían en contiendas entre caballeros que eran más bien duelos entre las armas ofensivas espada, lanza, flecha, daga, maza, etcétera y la armadura. Ésta alcanzó gran perfección en el siglo XV y como una caja de hierro cubría enteramente el cuerpo del caballero. Claro que la armadura era muy costosa y por ello sólo los nobles la poseían. También era muy pesada, y para llevarla y colocársela necesitaban de la ayuda del escudero. Los armeros debían tener mucha habilidad para hacerla de modo que no restara movilidad a su dueño; por eso tenían articulaciones en los hombros, codos y rodillas. La cabeza estaba protegida por un yelmo y visera; ésta se levantaba para ver el rostro del adversario. La armadura se utilizaba en la guerra y también en los torneos o justas donde los caballeros demostraban su destreza. A veces, sobre la armadura se colocaba un jubón de mangas abiertas por donde pasaban los brazos.

La armadura usada por los caballeros de la época medieval, como ya hemos señalado en otras oportunidades, fue evolucionando y de la cota de malla o loriga se pasó a la armadura de placas, que protegían distintas partes del cuerpo. En el siglo XIII comenzó a usarse la sobreveste de tela o cuero que resguardaba contra el polvo y que probablemente se inspiró en la que usaban los moros en la época de las Cruzadas. Hacia el siglo XV apareció la armadura denominada "de punta en blanco". Era un traje completo de planchas de metal, por lo general de acero templado. Las planchas ajustaban entre si perfectamente y estaban unidas por remaches que pasaban por hendiduras cortas para permitir cierta libertad de movimientos. Los codos, las rodillas y debajo de los brazos se protegían con cota de malla. Los cascos presentaban gran diversidad de formas; al principio eran cónicos, luego se hicieron esféricos o aplanados. El yelmo estaba rematado por una cimera.

La armadura formada por planchas de metal que cubrían casi por completo el cuerpo, excepto las partes que se asentaban sobre la montura de su caballo, reemplazó a la primitiva armadura de cota de malla, aunque este tipo de tejido se usaba para proteger las articulaciones, como los codos y las rodillas. Durante los siglos XIV y XV se usaron también otros dos tipos de armaduras. Una consistía en láminas de metal unidas a un traje interior de paño y otra en la que las láminas o planchas iban remachadas dentro de un jubón de brillantes colores. Las usaban los soldados y algunos capitanes, pues la armadura completa era muy costosa y por eso sólo los nobles podían adquirirla. En el siglo XV la llamada armadura gótica, con las superficies lisas y sólo decoradas en los bordes, llegó a su perfección. En el siglo siguiente el estilo cambió: los cascos y las guardas de los brazos y piernas presentaban superficies estriadas y las de los dedos de los pies se hicieron muy anchas. Esta armadura se llamó "maximiliana", pues fue Maximiliano, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico su creador.

Los nobles vestían armaduras no sólo durante las guerras, sino también en los torneos, que eran fiestas en las que se celebraban simulacros de combate entre caballeros armados. Por lo general, dos caba1leros armados con sus lanzas en ristre se acometían hasta derribarse. El vencido debía entregar su caballo o su armadura, o su equivalencia en dinero. Pero tanto era el valor que un caballero daba a su armadura, que a veces algunos hipotecaban o malvendían sus tierras para poder rescatarla. Para las distintas clases de torneos se idearon armaduras especiales, y como solamente se contaban como puntos los golpes dados en el cuerpo, brazo izquierdo y cabeza, estas partes se protegían con placas suplementarias atorni1ladas. Para los combates en pie se hacían armaduras especiales, hechas con placas de metal de acero deslizante que permitían una total libertad de movimientos. La aparición de las armas de fuego creó otras condiciones en las luchas, y las armaduras dejaron de usarse.

El siglo XVII fue una época de transición. Las naciones europeas, encamadas en sus respectivas familias reales, luchaban por la hegemonía en el antiguo continente. En Francia se agudizaron las cuestiones sociales, lo que provocó la intervención constante del Estado en la vida económica. Se fomentó la política de establecer manufacturas de telas suntuosas (sedas, brocados, terciopelos, rasos, encajes) y también tapices, prohibiéndose al mismo tiempo la importación de los mismos.

Los nobles deseaban destacarse por su indumentaria, y sus trajes estaban confeccionados con ricas telas y finos adornos. La mujer siguió usando el corpiño ajustado y el escote bien abierto, que dejaba el cuello libre. Las mangas eran amplias y se plegaban sosteniéndolas con piedras preciosas. A veces, el vestido simulaba una doble falda con guardas bordadas con hilos de oro. Las cofias con el ala plegada completaban el atuendo femenino. En la indumentaria masculina se destacaban la chaqueta acuchillada, la capa corta y el sombrero con plumas.

Desde mediados del siglo XVII y especialmente en el siglo XVIII - que corresponden a los reinados de Luis XIV (el Rey Sol), de Luis XV y de Luis XVI y su esposa María Antonieta, la moda francesa se impuso en diversos países europeos. Los vestidos femeninos tenían un corpiño ajustado, escote bajo que se prolongaba en una pechera de encaje y estaban adornados con cintas y lazos. Las mangas, ajustadas hasta el codo, terminaban con un volante de encaje. La falda era amplia, sostenida con enaguas acolchadas. En el atuendo, la peluca usada tanto por hombres como por mujeres tuvo gran importancia. Por lo común era blanca con varios bucles, y en la parte posterior terminaba en un rodete o trenza. También las joyas tenían gran importancia como complemento de la magnífica vestimenta. Por lo general, las damas lucían anillos y pulseras muy espléndidos.

Es indudable que la moda es un reflejo de los tiempos y que por ello, después de una revolución o de una gran transformación política, la vestimenta sufre un cambio radical. Esto fue bien claro después de la Revolución Francesa, en que se abandonaron los vestidos de telas lujosas, con amplias enaguas acolchadas, volantes de encaje y pelucas, La Revolución Francesa pasó por varias etapas, En 1796, con el gobierno del Directorio, la moda cambió totalmente, acercándose a los modelos clásicos grecorromanos. En los hombres, las bragas se hicieron ajustadas, sostenidas con botones y lazos. La chaqueta era ajustada, por delante llegaba hasta la cintura y se prolongaba atrás hasta las rodillas, La solapa, muy amplia, contrastaba con los colores del abrigo. El sombrero era un bicornio de terciopelo con la escarapela tricolor. Las medias eran de seda de varios colores. A estas gentes se las llamaba "increíbles".

La llegada de Napoleón al gobierno como cónsul y luego su coronación como emperador tuvo gran importancia no sólo en la historia europea sino también en la americana. En 1804, el Consejo de Estado proclamó a Napoleón como emperador con cargo hereditario. En una solemne ceremonia, en la que estuvo presente el Papa pío VII, Napoleón se coronó con sus propias manos y luego coronó a la emperatriz Josefina, También se produjeron cambios en las estructuras sociales, que la Revolución había tratado de desterrar. La moda volvió a experimentar nuevos cambios. El vestido femenino era de busto ajustado, escote amplio y talle alto sin marcar la cintura. Los cabellos eran cortos y anudados con cintas y lazos, Napoleón, por una serie de decretos, confirió títulos de nobleza a los miembros de su familia y a los generales de sus ejércitos. Así se formó una corte cuya pompa y boato eran semejantes a las de los antiguos reyes.

En el año 1804, Napoleón Bonaparte - que era Primer Cónsul y luego fue Cónsul Vitalicio- logró la dignidad imperial. En una solemne ceremonia realizada en la catedral de Notre Dame y con la presencia del Papa pío VII, Napoleón se coronó emperador con sus propias manos y luego coronó a la emperatriz Josefina. La instauración del imperio no sólo exigió modificaciones constitucionales sino también reformas en la estructura social que la Revolución había tratado de crear. Mediante una serie de decretos, Napoleón confirió títulos de nobleza a los miembros de su familia, a los generales de sus ejércitos y a los altos dignatarios imperiales. A causa de esto la moda adquirió, en las damas, gran suntuosidad. En los caballeros la vestimenta era más sobria, aunque siempre elegante. Para la mujer se usó el traje llamado "estilo imperio", con el busto ajustado y que caía blandamente hasta el suelo sin ajustar la cintura.

El Romanticismo fue un movimiento intelectual y artístico propio del siglo XIX, y su influencia perduró hasta el siglo XX. La palabra romanticismo procede de «roman» (novela) y se manifestó en todos los dominios de las ciencias, las artes, las letras, la política y la vida social. En primer lugar se impuso en la literatura, en forma de un renacimiento de la poesía lírica y en especial de la poesía de la naturaleza. La moda no podía permanecer ajena a este movimiento renovador. Las damas usaban faldas amplias, pero más cortas. El corpiño era ajustado, con encajes y telas suaves que le daban un aspecto etéreo. Los sombreros eran capotas con lazos y cintas de terciopelo. Los caballeros usaban largos chaquetones entallados, con cuello amplio y adornos ajustados. El sombrero era de copa alta y la corbata amplia. Un elegante bastón completaba el atuendo.