Los Chinos

Entre los chinos el traje femenino, salvo en algunos detalles, era semejante al masculino. Las damas de categoría usaban una redecilla de malla espesa de seda, camisa corta abierta por delante, anchos pantalones sujetos a los tobillos para que resalten los pies pequeños, o túnica larga. Sobre ella se colocaban una prenda amplia, abierta por delante y cruzada que podía abrocharse a un lado, con mangas muy anchas que servían de manguito, ya que para una china era algo desagradable mostrar las manos o los pies. Un adorno característico era una bufanda larga con las puntas caídas o una banda cruzada en el pecho que se ataba a un lado. Los zapatos eran de suela gruesa, plana o inclinada de tal modo que el pie llegaba a sostenerse por la punta de los dedos. En invierno esta prenda estaba forrada con pieles. El peinado variaba de acuerdo con la localidad, pero en general se hacían una o varias trenzas y las arrollaban en un rodete sobre la cabeza sujetándolas con dos agujas. En las sienes usaban adornos de flores o de perlas.

China es uno de los países más extensos de la Tierra y de más antigua cultura. Se cree que estuvo habitada desde tiempos muy remotos, pero los primeros datos históricos se remontan, aproximadamente, al año 1000 antes de Jesucristo. China se mantuvo aislada y casi desconocida para los europeos hasta los viajes de Marco Polo en los siglos XIII y XIV. A partir de entonces comenzaron a difundirse muchos descubrimientos de los chinos, como la seda, y también sus costumbres tradicionales e ideas religiosas. La vida social tenía un gran refinamiento, y en la época contrastaba con la de los occidentales. Sus hábitos estáticos se reflejaban también en la moda, que experimentó pocos cambios en el transcurso de los siglos. Tanto los hombres como las mujeres usaban una túnica semilarga con mangas anchas y cuello alto. Las damas de la clase alta vestían un sayo que les llegaba hasta los pies; sobre él, una túnica abierta adelante que descendía hasta las rodillas y con adornos de seda en el ruedo.

Dadas las características del pueblo chino, apegado a sus costumbres y tradiciones, la moda no experimentó muchas variantes en el transcurso de los siglos. Los nobles vestían una larga túnica de seda o de brocado, abierta abajo por un lado con cuello tipo pelerina y mangas anchas y largas que cubrían las manos. Sobre la cabeza una cofia y una pañoleta de seda o raso que caía sobre los hombros. También usaban pantalones anchos y cortos, sujetos debajo de las rodillas hasta donde llegaban las botas. Sobre ellos se colocaban una túnica que llegaba hasta las rodillas con mangas largas y estrechas y una chaqueta corta de mangas anchas. Era común usar un casquete redondo, ajustado con tiras de terciopelo de diferentes colores, con una abertura en lo alto para sacar la trenza larga con la que sujetaban los cabellos. Las clases más humildes llevaban pantalón amplio, sujeto debajo de las rodillas, y chaqueta corta y suelta.

El traje del emperador en la China era de extraordinaria belleza no sólo por las ricas telas sino por los suntuosos adornos. Por lo general constaba de tres túnicas, una sobre otra, sin mangas. La más corta se colocaba sobre las más largas y dejaba pasar las mangas. Esta túnica exterior corta estaba bordada en sedas de colores y prevalecía el amarillo. La segunda túnica tenía también bordados y aplicaciones y la tercera se destacaba, además de los bordados, por una ancha cenefa de terciopelo azul. Botones de oro y de nácar completaban el adorno de las túnicas. En la cabeza el emperador llevaba un casco de oro en forma de embudo, con piedras preciosas aplicadas, y en la parte superior un penacho de plumas. El calzado era de cuero suave con la suela de la parte delantera levantada hacia arriba y un borde rojo en el empeine. Medias de seda dorada cubrían el pie y la pierna y como adorno se llevaba una cadena de oro en el tobillo. Las mujeres de clase noble se apretaban los pies con vendas para achicárselos.

El uniforme de los soldados de infantería, tanto de diario como de gala, consistía en dos chaquetas, una más larga que la otra del color del pabellón o regimiento al que pertenecían y podían ser amarillas, blancas, rojas o azules. En la parte de delante y en la de atrás de la chaqueta se colocaba un disco de tela con las insignias de la división y la palabra "ping" que quiere decir: soldado. Sobre el pecho cruzaban dos correas: de una de ellas colgaba el sable y de la otra una cartuchera con arco y flechas. En la infantería se distinguía una división que, por su uniforme, se llamaba "tigre" . El sayo era de color amarillo con rayas de color café, y la cabeza se cubría con un casquete redondo con orejeras que imitaban la cabeza de ese felino. Los soldados de caballería vestían sayo que cubría los muslos y estaba guarnecido con planchitas de hierro. Los pantalones eran de algodón y llegaban hasta media pierna. La cabeza estaba protegida por un casco en forma de embudo con adornos según el grado militar.

En China se llamaba mandarines a los altos funcionarios y consejeros del emperador.(También se les decía kivan.) Se dividían en nueve categorías de dos clases cada una. Se distinguían por los botones esféricos en lo alto del birrete y que eran encarnados (de coral o de piedras preciosas) en la primera y segunda categoría: azules (de cristal o de piedras preciosas) en la tercera y cuarta; blancos (de cristal o de vidrio) en la quinta y sexta, y amarillos (de oro o dorados) en las tres últimas categorías. Para las ceremonias los mandarines usaban una túnica abierta hasta los pies por delante, guarnecida por galones anchos. A los servidores de mérito el emperador les concedía algunos distintivos especiales, como ropas de color amarillo (el tono preferido del soberano), cordones o collares de coral y plumas de pavo real. Las sombrillas y bastones eran también distintivos honoríficos, y los embajadores imperiales se distinguían por un bastón de bambú amarillo.